Acompañar a Iti en su recorrido es como hacer una pequeña expedición submarina desde la mesa del salón. Cada giro del laberinto propone una mini misión: avanzar, elegir el camino correcto y llevar la canica hasta donde toca, disfrutando de esa sensación de control y calma que tanto engancha a esta edad.
La propuesta es muy directa: con el lápiz magnético, los niños mueven las canicas por el laberinto, atravesando pasadizos y zonas de colores. Pueden jugar libremente o plantearse retos sencillos, como llevar cada canica a su zona, completar un recorrido sin «salirse» del camino o hacer carreras por turnos (primero uno, luego otro). El formato es ligero y fácil de transportar, perfecto para ratos cortos pero muy repetibles.
En lo educativo, es un recurso excelente para trabajar motricidad fina, coordinación visomotora, reconocimiento de colores y resolución de problemas. También refuerza el autocontrol: para que funcione, hay que ir despacio y con intención. Es de esos juguetes que enseñan a sostener la atención sin forzarla, porque el progreso se ve y se siente en cada movimiento.
Edad recomendada: desde 2 años.












