En Bohnanza cada jugador recibe una mano de cartas de judías de distintos tipos y debe plantarlas en sus campos en el orden que aparecen, sin reorganizar la mano. Este detalle obliga a planificar desde el principio y negociar con los demás para conseguir plantaciones rentables.
Además, el comercio es el corazón del juego: intercambios, promesas y negociaciones están a la orden del día. Los jugadores pueden donar, cambiar o quedarse con cartas para mejorar su cosecha o forzar a otro a vender antes.
La partida termina cuando se agota el mazo un determinado número de veces; gana quien acumula más monedas gracias a sus judías vendidas correctamente. Bohnanza destaca por su combinación de trato entre jugadores, gestión de recursos muy interactiva y partidas que fomentan la diversión y el diálogo.











