En El Rebaño los jugadores reciben una mano de cartas y el objetivo es quedarse sin ellas lo antes posible. Pero no será tan sencillo como descartar por turnos: si se juega una carta de un color de oveja, el siguiente jugador que debe jugar es quien tiene ese color, lo que hace que el turno pueda «saltar» de forma imprevista.
Además, aparecen cartas especiales como el «perro» (que inicia un duelo de ladridos), el «lobo» (que aúlla y provoca efecto sorpresa), el «pastor» (que llama al rebaño y cambia el orden), o cartas de «noche» donde el color puede no saberse. Cada una de estas cartas modifica la dinámica y obliga a los jugadores a estar muy atentos.
El juego es perfecto para jugar en familia o en el aula, pues combina ritmo, interacción y aprendizaje implícito: los niños trabajan la concentración, la atención al color y los turnos, mientras se ríen, actúan y participan activamente. Una partida rápida, llena de risas y con un formato sencillo que engancha desde los 5 años.












